Por: Soy Ciclista Urbano
En la entrada anterior hablamos de la Belle Époque, de París y de cómo la bicicleta era mucho más que un medio de transporte. Hoy te quiero contar la historia de un hombre que tomó esa bicicleta y la convirtió en un instrumento de leyenda: Maurice Garin, el primer gran ídolo del ciclismo francés y ganador de carreras tan duras como legendarias.
No fue solo un atleta. Garin fue símbolo de una época en la que pedalear podía significar cambiar tu vida.

En 1901, con apenas un puñado de herramientas básicas y mucha resistencia física, Maurice Garin se enfrentó a una de las carreras más exigentes de su tiempo: la París-Brest-París, un trayecto de ida y vuelta de 1,200 kilómetros. A bordo de una bicicleta La Française Diamant, Garin completó la ruta en poco más de 52 horas.
Hoy en día, completar esa distancia sería un logro enorme incluso con bicicletas modernas. Pero Garin lo hizo con una bicicleta de marco pesado, ruedas de madera y sin cambios. Sin GPS, sin geles energéticos, sin casco aerodinámico. Solo fuerza de voluntad y piernas de acero.
La carrera fue tan popular que dos de los principales periódicos franceses la patrocinaron. Uno de ellos, L’Auto, estaba buscando cómo ganar lectores frente a su competencia. Y encontraron oro en el ciclismo.

Henry Desgrange, editor de L’Auto, quedó tan impresionado con el espectáculo que, dos años después, decidió organizar una carrera aún más ambiciosa: el primer Tour de Francia. ¿Y quién ganó? Sí, otra vez Maurice Garin, con una bicicleta La Française, negra y con una insignia tricolor. Una leyenda estaba naciendo.
El Tour de Francia de 1903: el origen de una tradición
Cuando Garin ganó el primer Tour, se convirtió en héroe nacional. No fue el único ciclista que usaba bicicletas La Française, pero sí fue el más rápido. Lo acompañaron en el podio otros corredores patrocinados por la marca: Lucien Pothier, Fernand Augereau, Rodolfo Muller y John Fisher.
Para una marca de bicicletas, este tipo de resultados eran más que publicidad. Era prestigio. Las bicicletas se volvieron objetos de deseo, y el ciclismo, parte de la identidad francesa.
De los Alpes a las calles de hoy
Garin no tenía redes sociales, ni GoPro, ni sponsors en Instagram. Lo que tenía era una bicicleta confiable, determinación, y la pasión de todo un país viéndolo pedalear. Su historia nos recuerda que el ciclismo urbano también tiene algo de épico, aunque no lo hagamos por trofeos.
Cada vez que decidimos ir al trabajo, a estudiar o simplemente a rodar por placer en nuestras ciudades, estamos conectando con esa historia. Pedalear no es solo moverse: es construir un camino.
📍 En la próxima entrega:
Vamos a conocer el Velódromo de Invierno, el epicentro del ciclismo de pista en París, un lugar donde la emoción y la oscuridad se cruzaron de forma trágica. Una historia que vale la pena contar y recordar.
Este artículo fue corregido y modificado con la asistencia de ChatGPT, un modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI.
Descubre más desde Soy Ciclista Urbano
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
