Por: Juan Conde

La bicicleta siempre ha sido parte del día a día de los cubanos

La bicicleta siempre ha sido parte del día a día de los cubanos. En la isla fue popular tanto para el deporte como para el simple disfrute, hasta que llegó la crisis económica de la década de 1990 y con ella casi desapareció el transporte público.

Con la caída de la Unión Soviética, Cuba entró en un periodo de profunda crisis conocido como Período Especial. La escasez de combustible paralizó autobuses y gran parte del transporte motorizado. De repente, desplazarse por la ciudad se volvió una tarea complicada.

Entonces ocurrió algo inesperado: la bicicleta regresó al centro de la vida cotidiana.

Miles de cubanos que nunca habían montado tuvieron que aprender si querían llegar al trabajo, a la escuela o simplemente moverse por la ciudad. El gobierno incluso importó más de un millón de bicicletas desde China para suplir la falta de transporte. Las calles de La Habana y de muchas otras ciudades comenzaron a llenarse de ciclistas.

Fue, sin duda, el verdadero boom de la bicicleta en Cuba.

Pero la historia de la bicicleta en la isla había comenzado mucho antes.

La sociedad cubana y la llegada de la bicicleta en el siglo XIX

A finales del siglo XIX, Cuba seguía siendo colonia española y vivía un periodo de fuerte agitación política y social. Las diferencias entre clases estaban marcadas, mientras los movimientos independentistas comenzaban a ganar fuerza en la isla.

La economía giraba principalmente en torno al azúcar y el tabaco, productos que conectaban a Cuba con los mercados internacionales. Al mismo tiempo, ciudades como La Habana comenzaban a experimentar procesos de modernización: aparecieron tranvías, se adoquinaron calles y se ampliaron los espacios urbanos.

Fue en ese contexto cuando llegó a la isla un invento que representaba perfectamente el espíritu de la modernidad: la bicicleta.

Hacia 1880, el comerciante español Claudio Graña importó a La Habana uno de los primeros velocípedos conocidos en Cuba. Aquella máquina —con una gran rueda delantera y una pequeña rueda trasera— causó enorme curiosidad entre los habitantes de la ciudad.

ciclista con bicicleta antigua del siglo XIX
Recreación de uno de los primeros ciclistas de finales del siglo XIX, época en la que las bicicletas comenzaron a aparecer en ciudades como La Habana.

En sus primeros años, la bicicleta fue un objeto exclusivo de las élites urbanas. Tener una era símbolo de modernidad y estatus social. Los paseos en bicicleta comenzaron a verse en parques y avenidas frecuentados por los sectores acomodados de La Habana.

Sin embargo, la fascinación por aquel nuevo vehículo creció rápidamente.

Ya en 1885 comenzaron a formarse los primeros clubes ciclistas, y pocos años después, en 1889, se organizaron algunas de las primeras carreras documentadas en la isla, incluyendo una prueba de larga distancia entre Cienfuegos y La Habana.

La bicicleta había llegado para quedarse.

Titina, pionera del ciclismo femenino en Cuba

La historia temprana del ciclismo en Cuba también tiene una figura femenina que desafió las normas de su tiempo. Se trata de Antonia Martínez, conocida popularmente como Titina, una mujer de origen español que fue una de las primeras en montar bicicleta en la isla a finales del siglo XIX.

mujer ciclista siglo XIX Cuba bicicleta antigua
Representación de una mujer ciclista de finales del siglo XIX, época en la que pioneras como Antonia Martínez “Titina” comenzaron a montar bicicleta en Cuba.

En una época en la que el ciclismo femenino todavía generaba polémica incluso en Europa y Estados Unidos, ver a una mujer pedaleando por las calles resultaba para muchos algo impropio o escandaloso. Las normas sociales de entonces limitaban fuertemente la presencia femenina en el deporte y en el espacio público.

Sin embargo, Titina decidió ignorar esas barreras.

Montar bicicleta en aquellos años no era solo una actividad recreativa; para una mujer podía convertirse en un acto de afirmación personal. Al recorrer las calles habaneras sobre dos ruedas, Titina representaba una imagen poco común para la sociedad de la época: la de una mujer independiente, activa y visible en un ámbito dominado por hombres.

Aunque los registros históricos sobre su vida son escasos, su figura permanece en la memoria del ciclismo cubano como una de las primeras mujeres que se atrevieron a pedalear en la isla, abriendo el camino para que muchas otras lo hicieran después.

En ese sentido, su gesto fue más que una curiosidad social: fue también un pequeño acto de libertad.

¿Cómo era aquella primera bicicleta?

La bicicleta más representativa de esa época es la llamada penny-farthing, conocida también como bicicleta de rueda alta. Fue uno de los diseños más característicos del ciclismo del siglo XIX y se convirtió en un símbolo de modernidad en muchas ciudades del mundo.

bicicleta penny farthing siglo XIX rueda alta
Ciclista montando una penny-farthing o bicicleta de rueda alta, uno de los diseños más característicos del ciclismo entre 1870 y 1880.

Sus principales características eran:

  • Diseño: una rueda delantera enorme y una rueda trasera mucho más pequeña.
  • Época: especialmente popular entre 1870 y 1880.
  • Uso: difícil de montar y relativamente peligrosa, ya que una caída desde esa altura podía ser seria.
  • Materiales: construidas principalmente de hierro o acero.
  • Nombre: el término penny-farthing proviene de dos monedas británicas de tamaños distintos, el penny y el farthing, que recordaban la diferencia entre las ruedas.
  • Importancia histórica: fue uno de los diseños que precedieron a la bicicleta moderna con dos ruedas del mismo tamaño y transmisión por cadena.

Aunque hoy pueda parecer una máquina extraña, en su momento representaba lo último en tecnología y despertaba gran curiosidad en las ciudades donde aparecía.

Las primeras competencias y clubes ciclísticos en la Isla

Con la llegada de estas primeras bicicletas, el entusiasmo por el ciclismo creció rápidamente en Cuba.

Hacia 1885, La Habana y otras ciudades importantes ya contaban con numerosos aficionados y comenzaron a fundarse los primeros clubes ciclísticos, donde los entusiastas se reunían para organizar paseos, intercambiar experiencias y promover el nuevo deporte.

El entusiasmo pronto dio paso a la competencia.

En 1889 se organizó una de las primeras carreras documentadas en el país: una prueba entre Cienfuegos y La Habana, de aproximadamente 100 millas (unos 160 kilómetros). Este evento marcó un momento importante en la historia deportiva cubana, al consolidar el ciclismo como una actividad organizada y cada vez más popular.

Antes de terminar el siglo XIX, el ciclismo ya había echado raíces en varias ciudades del país. Existían clubes y grupos de aficionados en lugares como Sagua la Grande, Matanzas y Güines, entre otras localidades.

La bicicleta, que había llegado como una curiosidad europea, comenzaba a convertirse en parte de la vida social y deportiva de la isla.

La bicicleta en Cuba: mucho más que dos ruedas

En Cuba, la bicicleta nunca ha sido solo un medio de transporte o un objeto deportivo. Con el paso de las décadas se ha convertido en un símbolo de resistencia, ingenio y cotidianidad en una isla donde la escasez muchas veces ha moldeado la relación entre las personas y sus vehículos.

La bicicleta forma parte del paisaje urbano cubano y también de su memoria cultural. Aparece en fotografías, documentales, películas y relatos cotidianos que reflejan cómo los cubanos han sabido adaptarse a circunstancias difíciles.

Uno de los momentos más decisivos en esta historia llegó en la década de 1990.

Tras la caída de la Unión Soviética, Cuba entró en una profunda crisis económica conocida como Período Especial. La escasez de combustible afectó gravemente al transporte público y millones de personas tuvieron que buscar alternativas para desplazarse.

Fue entonces cuando la bicicleta volvió a ocupar un lugar central en la vida cotidiana. El gobierno impulsó programas para fomentar su uso e importó más de un millón de bicicletas, principalmente desde China. En pocos años, ciudades como La Habana se llenaron de ciclistas.

Durante ese período era común ver a personas de todos los oficios pedaleando por las calles: médicos, estudiantes, artistas y trabajadores compartían el mismo medio de transporte bajo el intenso sol caribeño.

La bicicleta se convirtió así en una herramienta colectiva de adaptación y supervivencia.

La bicicleta en el cine cubano

Ese momento histórico también quedó reflejado en el cine y el audiovisual.

El cortometraje Bicitren (2016), del realizador Yaniel F. Meléndez, muestra cómo muchos cubanos adaptaron sus bicicletas para transportar cargas o incluso para formar pequeños “trenes” de bicicletas que permitían mover mercancías o personas.

En la película Lista de espera (2000), dirigida por Juan Carlos Tabío, aunque la bicicleta no es el eje central de la historia, aparece como uno de los elementos cotidianos que reflejan la paciencia, el humor y la capacidad de adaptación de la sociedad cubana frente a la escasez.

Otro ejemplo es el cortometraje Habana Bikes (2014), realizado por Diego Vivanco junto a Kauri Multimedia, que retrata la vida de los ciclistas en la capital cubana y el papel que la bicicleta desempeña en la dinámica urbana.

La bici como arte: fotografía y memoria

La bicicleta también ha inspirado a artistas y fotógrafos que han encontrado en ella un símbolo poderoso de la vida urbana cubana.

El fotógrafo italiano Andrea Peruzzi, en su serie Cuba en bicicleta, capturó escenas cotidianas donde las bicicletas se mezclan con la arquitectura colonial y la atmósfera única de las calles habaneras.

Por su parte, el fotógrafo estadounidense Andrew Moore ha retratado bicicletas abandonadas o apoyadas contra edificios antiguos, imágenes que evocan tanto la belleza como el desgaste del tiempo en la ciudad.

En muchas de estas fotografías, la bicicleta aparece como un elemento silencioso que conecta pasado y presente.

Competir sobre pedales: la Vuelta a Cuba

Mientras la bicicleta se consolidaba como medio de transporte cotidiano, el ciclismo deportivo también continuaba desarrollándose en la isla.

La Vuelta a Cuba, creada en 1964, se convirtió en la competencia ciclista más importante del país y una de las principales del Caribe. Durante décadas ha recorrido distintas regiones de la isla, reuniendo a los mejores ciclistas cubanos y a competidores internacionales.

A pesar de las limitaciones materiales, los ciclistas cubanos han demostrado una enorme capacidad de adaptación. En muchas ocasiones los corredores han tenido que reparar y mantener sus propias bicicletas con piezas reutilizadas o improvisadas.

Esa mezcla de ingenio y determinación refleja, una vez más, la relación particular que Cuba ha desarrollado con la bicicleta.

Mucho más que un vehículo

La historia de la bicicleta en Cuba demuestra que este sencillo vehículo ha sido mucho más que una herramienta de movilidad o un deporte.

Ha sido símbolo de modernidad en el siglo XIX, instrumento de supervivencia durante el Período Especial y, al mismo tiempo, una fuente de inspiración artística y cultural.

En las calles de La Habana, en las carreteras rurales o en las fotografías que recorren el mundo, la bicicleta sigue siendo una parte inseparable de la vida cubana.

“En una isla donde muchas veces las soluciones llegan pedaleando, la bicicleta no es solo un vehículo: es una forma de seguir avanzando.”

La bicicleta no solo forma parte de la historia del transporte o del deporte. También se ha convertido en parte de la vida cotidiana y de las celebraciones de quienes la adoptan como forma de vida. En nuestro caso, incluso ha sido protagonista de momentos muy personales, como la cicloboda, una celebración donde las dos ruedas se transformaron en símbolo de comunidad, alegría y compromiso con una forma diferente de moverse por la ciudad.

¿Por qué importa esta historia?

La historia ciclista de Cuba tiene una fuerza simbólica que va mucho más allá del transporte. Es, en muchos sentidos, un espejo de la resiliencia de un pueblo. A lo largo de más de un siglo, la bicicleta ha acompañado a los cubanos en momentos de prosperidad, crisis y transformación social.

Para los ciclistas urbanos del mundo, la experiencia cubana ofrece varias lecciones valiosas.

La bicicleta como igualador social.
En Cuba, la bicicleta ha sido utilizada por todos: estudiantes, médicos, obreros, artistas y campesinos. Sobre dos ruedas, las diferencias sociales se diluyen y el movimiento se vuelve colectivo.

Innovación frente a la escasez.
En muchos barrios todavía existen pequeños talleres donde mecánicos improvisados mantienen en funcionamiento bicicletas con décadas de uso, reparándolas con piezas recicladas y soluciones creativas. Es un ejemplo claro de cómo el ingenio puede mantener viva la movilidad.

Memoria viva.
Cada bicicleta que rueda por las calles cubanas lleva consigo una parte de la historia de la isla. No es solo un vehículo: es un objeto cargado de experiencias, adaptaciones y recuerdos.

Conocer esta historia nos permite entender que la bicicleta, tanto en Cuba como en muchas otras partes del mundo, no es simplemente un medio de transporte. Es cultura, identidad y resiliencia.

Desde los primeros velocípedos traídos por Claudio Graña en el siglo XIX, pasando por figuras pioneras como Titina, hasta los bicitaxistas y ciclistas urbanos de hoy, la bicicleta ha acompañado al pueblo cubano en sus transformaciones.

En ese sentido, la bicicleta en Cuba es algo más profundo que una solución de movilidad.

Es un testigo silencioso de la historia.

Porque cuando un pueblo aprende a seguir avanzando incluso en medio de la escasez, cada pedalada deja de ser un simple desplazamiento y se convierte en un acto de continuidad.

Rodemos entonces con esa historia a cuestas y con la mirada puesta hacia adelante. Porque cada pedalazo nos conecta con el pasado, pero también nos empuja hacia un futuro más humano y sostenible. Al final, muchas de las lecciones que nos deja esta historia siguen vigentes hoy, algo que exploramos también en “De la historia a la calle: lo que el ciclismo del pasado nos enseña hoy”.

🎧 Escucha esta historia en el podcast. Si prefieres escuchar esta historia mientras pedaleas o te desplazas por la ciudad, también puedes encontrar la versión narrada en el podcast Soy Ciclista Urbano.

👉 Escuchar el episodio del podcast

Si te interesa la historia del ciclismo, puedes explorar más en nuestra guía: Historia del ciclismo: momentos que cambiaron la bicicleta.


Fotografía Bicicleta Penny-Farthing: Fox Photos/Getty Images


Descubre más desde Soy Ciclista Urbano

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.