Por: Juan Conde
Cuando la ciudad se vuelve río
La tarde en que las bandas de la tormenta Melissa tocaron Santo Domingo, la ciudad volvió a recordar lo frágil que puede ser bajo la lluvia. Entre bocinas, agua y cortes de energía, moverse se convirtió en una odisea. Los vehículos quedaron atrapados en avenidas inundadas y, entre ellos, algunos ciclistas urbanos intentaban seguir su ruta, pedaleando con cautela y resignación.
La tormenta no solo trajo lluvia: trajo preguntas sobre cómo la ciudad se prepara —o no— para enfrentar el cambio climático. Y también sobre cómo el ciclismo urbano, más que una opción sostenible, se convierte en un termómetro del caos.

El agua revela la ciudad que tenemos
Cada aguacero es una radiografía urbana. Cuando llueve, las fallas de drenaje salen a flote: cañadas desbordadas, alcantarillas obstruidas, calles sin pendiente y avenidas donde el agua queda atrapada. Según reportes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Melissa dejó 735 viviendas afectadas y 3 765 personas desplazadas, además de más de un millón de usuarios sin acceso regular al servicio de agua potable.
Aunque la magnitud de los daños fue menor que en tormentas pasadas, las lluvias mostraron lo mismo de siempre: un diseño urbano poco preparado para la variabilidad climática. Las calles se saturan, el tránsito colapsa y las aceras se vuelven impracticables. En ese escenario, el ciclista urbano —que normalmente encuentra en la bici una vía para escapar del tapón— debe ahora luchar contra corrientes de agua y el peligro invisible bajo la superficie.
¿Por qué el Distrito Nacional se inundó menos?
De acuerdo con Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, la ciudad mostró una mejora significativa frente a eventos anteriores. En declaraciones a Diario Libre, aseguró que las obras de drenaje pluvial, mantenimiento de cañadas y brigadas preventivas ayudaron a que sectores históricamente críticos no se inundaran con la misma severidad.
Las medidas incluyeron limpieza de imbornales, monitoreo constante y presencia de cuadrillas en puntos sensibles como la Núñez de Cáceres, la Churchill y la Bolívar. Aunque las precipitaciones fueron intensas, el Distrito Nacional reportó menos anegamientos graves que en años previos.
Aun así, el contraste entre el centro capitalino y los barrios periféricos es evidente: las obras no llegan con la misma fuerza a todas partes, y los ciclistas que cruzan esas zonas lo saben bien. El agua no distingue rutas ni carriles.
Pedalear entre lluvia y bocinas: la experiencia del ciclista urbano
Para el ciclista, una avenida inundada no es sólo un obstáculo físico: es un problema de visibilidad, de adherencia y de seguridad. El agua contamina los frenos, erosiona la cadena y oculta trampas en el asfalto. A esto se suman las bocinas insistentes y los semáforos caídos que convierten el tránsito en un caos improvisado.
En algunos tramos, la bicicleta logra moverse donde los carros quedan inmóviles; en otros, el riesgo supera cualquier ventaja. Cada pedalada en medio de un aguacero se convierte en una prueba de paciencia, equilibrio y experiencia. Pero también en una lección: no basta con tener ciclovías; necesitamos una ciudad capaz de convivir con la lluvia.
Equipo mínimo para sobrevivir la tormenta
Quien pedalea en Santo Domingo sabe que un aguacero puede aparecer sin aviso. Por eso, el ciclista urbano debe pensar como si fuera parte del sistema de emergencia. Este es el kit esencial para la temporada de lluvias:
- Capa o poncho impermeable largo, que no interfiera con la cadena.
- Guardabarros delantero y trasero, para evitar el spray del asfalto.
- Luces potentes (blanca frontal, roja trasera) visibles bajo lluvia.
- Cubrezapatos o bolsas impermeables para mantener los pies secos.
- Mochila impermeable o forro plástico interno.
- Guantes antideslizantes y ropa de secado rápido.
- Herramientas básicas: llave Allen, bomba, parches y lubricante.
- Mapa mental de rutas seguras, evitando avenidas propensas a inundarse.
Cada detalle puede marcar la diferencia entre un trayecto tenso y uno seguro. No se trata solo de comodidad, sino de resiliencia urbana en movimiento.
La movilidad resiliente: lecciones desde el pedal
Melissa mostró que la bicicleta sigue siendo una herramienta adaptable, incluso en condiciones adversas. Cuando los vehículos quedaron atrapados, muchos ciclistas lograron llegar a destino, aunque con esfuerzo. Pero esa capacidad no debe romantizarse: pedalear bajo la lluvia sin infraestructura adecuada no es heroísmo, es riesgo.
El futuro de la movilidad en Santo Domingo pasa por integrar el ciclismo urbano en los planes de adaptación climática. No basta con promoverlo los días soleados; hay que garantizar su seguridad durante las lluvias, con ciclovías drenadas, señalización visible y rutas alternas que no se conviertan en ríos improvisados.
El Ayuntamiento, el MOPC y las organizaciones ciclistas podrían colaborar para mapear puntos críticos y crear protocolos de emergencia para quienes usan la bicicleta como transporte diario. Porque en una ciudad que se inunda con frecuencia, la bicicleta puede ser parte del problema o parte de la solución, según cómo se planifique.
Propuestas desde el sillín
- Mantenimiento periódico de drenajes y cañadas, con participación comunitaria.
- Monitoreo de rutas ciclistas en tiempo real mediante aplicaciones municipales o mapas abiertos.
- Campañas educativas sobre cómo circular bajo lluvia, tanto para ciclistas como para conductores.
- Infraestructuras elevadas o permeables en tramos donde se concentran charcos persistentes.
- Integración de colectivos ciclistas en los planes municipales de gestión de riesgo y cambio climático.
Estas acciones no solo protegen al ciclista: hacen que la ciudad funcione mejor para todos.
Lo que deja Melissa
Melissa no fue solo una tormenta tropical; fue un espejo. Nos mostró una ciudad más preparada en algunos aspectos, pero todavía débil en otros. También recordó que la movilidad sostenible no se trata únicamente de reducir emisiones, sino de resistir los impactos del clima.
El ciclista urbano, al igual que el peatón, es el primero en sentir los errores de planificación y el último en ser escuchado. Pedalear bajo la lluvia se convierte en un acto de persistencia y esperanza. Pero ojalá, algún día, no tengamos que hacerlo para demostrar que se puede: solo para disfrutar de una ciudad que, incluso bajo el agua, siga siendo habitable.
Fuentes:
- Diario Libre (27 de octubre 2025) – “Tormenta Melissa: ¿Por qué el Distrito Nacional no se inundó?”.
- COE (Informe No. 13) – Daños y situación general por la tormenta Melissa.
- Listín Diario (26 de octubre 2025) – Reporte nacional de afectaciones.
- Defensa Civil RD – Comunicados de emergencia y zonas vulnerables.
Este artículo fue corregido y modificado con la asistencia de ChatGPT.
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