Por: Juan Conde
Cuando la ciudad se vuelve un río
La tarde en que las bandas de la tormenta Melissa tocaron Santo Domingo, la ciudad volvió a recordar lo frágil que se pone cuando llueve. No era un simple aguacero; era ese tipo de lluvia que te nubla la vista y te hace dudar de si llegarás sano a casa. Entre el escándalo de las bocinas, el agua corriendo por doquier y los semáforos apagados, moverse se volvió un verdadero lío. Mientras los carros se quedaban atrapados en avenidas sin salida que parecían piscinas, algunos ciclistas urbanos intentaban seguir la ruta, pedaleando con mucho cuidado, aguantando el trote y sintiendo cada gota como un aviso de lo que está mal en nuestras calles.
Esa tormenta no solo trajo agua; trajo preguntas de verdad sobre cómo nuestra capital se prepara —o no— para los tiempos que vienen. En esos momentos, andar en bici deja de ser solo una opción para cuidar el ambiente o hacer ejercicio; se convierte en el termómetro que mide el caos y la falta de planificación de nuestras calles. Si la ciudad colapsa con una tarde de lluvia, ¿qué nos espera con fenómenos más fuertes?
El agua revela la ciudad que tenemos: Una radiografía de nuestras calles
Cada aguacero en la República Dominicana es, en realidad, una radiografía que desnuda nuestras debilidades. Cuando llueve, los fallos de los filtrantes y el drenaje salen a flote de una vez, y no de forma metafórica. Vemos cañadas desbordadas, alcantarillas tapadas de basura que nadie recogió y avenidas mal diseñadas donde el agua no tiene para dónde coger y se queda estancada, creando trampas mortales.
Según los reportes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), tormentas como Melissa han llegado a dejar a miles de personas fuera de sus casas y a más de un millón de ciudadanos sin agua potable. Aunque los daños varíen de un año a otro, la historia siempre es la misma: un diseño de ciudad que no tiene aguante para toda esa agua corriendo. Para el que va protegido en una yipeta, esto representa un gran tapón y perder tiempo; pero para el que pedalea, es un riesgo de vida o muerte. No sabemos qué hay debajo de un charco hondo, si hay un hoyo escondido o una tapa de alcantarilla que se levantó por la presión. Es aquí donde entendemos que la teoría debe ir a la calle, respetando la Pirámide de la Movilidad, donde el que anda a pie o en bici debe ser la prioridad número uno por ser el más vulnerable.
Kit de supervivencia: Prepárate bien para no pasar tanto trabajo
Si vamos a hablar de resiliencia y de seguir adelante, hay que empezar por nuestra propia seguridad. Pedalear mojado es una molestia que se quita con una ducha, pero pedalear inseguro es una irresponsabilidad que puede salir cara. Basado en los líos y las peripecias que pasé cruzando la ciudad bajo Melissa, aquí te detallo lo que de verdad necesitas para no ‘quedarte en el camino’ y cómo esto se integra en el concepto más amplio de la micromovilidad urbana en nuestras ciudades.

- Impermeables que se vean a tres esquinas: No busques solo algo que te tape el agua, busca colores que brillen, como el amarillo neón o naranja. Bajo un aguacero fuerte, los choferes pierden mucha visibilidad y sus limpiaparabrisas no dan abasto. Una capa larga o poncho es lo ideal porque te cubre más, pero ojo: asegúrate de que no se te enganche en la cadena o en los rayos de la rueda, porque ahí sí es verdad que el remedio es peor que la enfermedad.
- Luces prendidas de día y de noche: En esos días grises donde el cielo se cae, las luces tienen que ir prendidas siempre. Una buena luz blanca alante para ver los baches y una roja atrás que parpadee fuerte son obligatorias para que no te lleven de encuentro. No escatimes en esto; es tu «escudo» visual.
- Guardabarros y protección para tu bulto: Si usas la bici para ir al trabajo o llevar documentos, los guardabarros no son un accesorio de lujo, son para que no te llegue todo ese sucio y lodo de la calle a la espalda y la cara. Además, asegúrate de tener mochilas que de verdad sean impermeables para proteger tu laptop o tus herramientas; nadie quiere llegar a casa con el celular ahogado.
- Limpieza profunda después del aguacero: El agua que corre por nuestras avenidas viene mezclada con arena, aceite de motor y basura. Después de mojarte, es vital que limpies bien la cadena y le eches aceite del bueno para condiciones húmedas. Si no lo haces, la salitre y el sucio te van a oxidar la bici en un abrir y cerrar de ojos.
Propuestas desde el sillín: Para una ciudad que respire y no se ahogue
Como ciclistas, somos los «sensores» de la ciudad; sentimos cada bache y cada fallo de diseño antes que nadie. Por eso, mi propuesta no es solo un deseo personal, es una necesidad colectiva. Necesitamos que las autoridades se pongan las pilas con estos 5 puntos estratégicos:
- Limpieza de alcantarillas antes de que se forme la tormenta: Una ciudad con aguante limpia sus filtrantes con tiempo, no cuando tiene el agua al cuello. Necesitamos planes preventivos de limpieza de imbornales y cañadas con el apoyo de la gente en los barrios.
- Saber por dónde ir con datos reales: Necesitamos una integración tecnológica, quizás una app del ayuntamiento o mapas abiertos que nos digan: «La Av. Churchill está inundada en este tramo, mejor coge por esta ruta que está seca». La tecnología debe ayudarnos a no quedarnos varados.
- Educación vial para los días de lluvia: Hay que enseñarle a los choferes que, cuando llueve, una bicicleta no frena igual de rápido y que un charco puede esconder un hoyo que tire al ciclista al suelo. La cortesía en el tránsito debe aumentar cuando el clima empeora.
- Infraestructura que chupe el agua: En vez de tanto asfalto que lo que hace es empozar el agua en las esquinas, debemos empezar a usar materiales permeables que absorban el agua y ayuden al drenaje natural.
- Escuchar a los que andamos en dos ruedas: Nosotros conocemos cada «río» que se forma en la ciudad. El ayuntamiento y el INTRANT deberían sentarse con los colectivos ciclistas para armar los planes de emergencia y movilidad.
Lo que deja la tormenta: Seguir pedaleando con esperanza
Melissa no fue solo un evento del clima; fue un espejo. Nos enseñó que, aunque miremos hacia el futuro, la historia del ciclismo siempre ha sido una de resistencia y adaptación ante los elementos y el diseño de las ciudades. Nos enseñó una ciudad que todavía es floja cuando la naturaleza aprieta. El que anda en bici, igual que el que anda a pie, es el primero que siente los errores de diseño y, lamentablemente, suele ser el último al que escuchan.
Pedalear bajo la lluvia en Santo Domingo termina siendo un acto de fe y de mucha paciencia. Pero ojalá, algún día, no tengamos que hacerlo para demostrar que «somos valientes» o que «podemos con todo»: sino simplemente para disfrutar de una ciudad donde se pueda vivir dignamente, donde el agua corra por donde tiene que correr y nosotros podamos seguir nuestro camino hacia el trabajo o la casa sin el miedo de no llegar.
Fuentes:
- Diario Libre (27 de octubre 2025) – “Tormenta Melissa: ¿Por qué el Distrito Nacional no se inundó?”.
- COE (Informe No. 13) – Daños y situación general por la tormenta Melissa.
- Listín Diario (26 de octubre 2025) – Reporte nacional de afectaciones.
- Defensa Civil RD – Comunicados de emergencia y zonas vulnerables.
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