Introducción: la promesa eléctrica y la realidad dominicana
En un artículo anterior analizamos cómo las motocicletas eléctricas podían convertirse en una alternativa real frente al colapso del transporte urbano dominicano: menos ruido, menos emisiones, menor gasto diario y mayor eficiencia para trayectos cortos dentro de la ciudad.
La propuesta parecía lógica. De hecho, en muchas ciudades del mundo este tipo de vehículos ya forma parte del ecosistema urbano. Sin embargo, en República Dominicana la adopción de scooters y patinetas eléctricas ha seguido un patrón conocido: rápida expansión, mínima planificación y reacción tardía de las autoridades.
Hoy, estos vehículos ya no son solo una novedad tecnológica. Se han convertido en un tema de debate social, presente en barrios, ayuntamientos, medios de comunicación y destacamentos policiales.
Cuando la micromovilidad llega sin reglas
El primer gran problema no es el scooter eléctrico en sí, sino el vacío normativo con el que llegó a las calles.
No existe claridad sobre preguntas básicas:
- ¿Por dónde deben circular?
- ¿Quién puede conducirlos?
- ¿Requieren licencia o seguro?
- ¿Son motocicletas, ciclomotores o dispositivos recreativos?
Cuando estas preguntas no tienen respuestas claras, el resultado es previsible: cada quien interpreta las reglas a su manera. Scooters circulando por aceras, avenidas principales, calles estrechas y zonas peatonales, sin criterios unificados ni señalización específica.
La ciudad termina funcionando por ensayo y error, y en movilidad urbana ese error suele pagarse caro.
Menores de edad: el punto más delicado del conflicto
Uno de los aspectos que más preocupación ha generado es el uso masivo de scooters eléctricos por menores de edad.
Niños y adolescentes circulando sin casco, sin licencia, sin formación vial y sin supervisión adulta, compartiendo espacio con vehículos de gran tamaño y alto flujo. Aquí la discusión deja de ser tecnológica para convertirse en social y ética.
No se trata únicamente de accidentes —que ya han ocurrido—, sino de cómo la falta de regulación termina normalizando el riesgo. Cuando no existen límites claros, la responsabilidad se diluye entre padres, vendedores, autoridades y usuarios, y al final nadie asume el control real de la situación.
El silencio eléctrico y la percepción de inseguridad
Hay un factor poco mencionado pero clave en el rechazo ciudadano: el silencio.
Los scooters eléctricos no emiten ruido perceptible, lo que puede ser una ventaja ambiental, pero en entornos urbanos sin cultura de micromovilidad se convierte en un problema. Peatones sorprendidos, adultos mayores inseguros y colisiones evitables son cada vez más frecuentes.
La sostenibilidad pierde legitimidad cuando el peatón siente que el espacio público se vuelve impredecible y hostil. Una movilidad verdaderamente sostenible no puede construirse a costa de la seguridad de los más vulnerables.
Economía informal: cuando el mercado va más rápido que la ley
El crecimiento acelerado de los scooters eléctricos también está vinculado a la economía informal.
Venta sin orientación ni advertencias claras, alquiler por minutos u horas sin ningún tipo de control, ausencia total de responsabilidad en caso de accidentes y acceso irrestricto a menores de edad forman parte de un fenómeno ya conocido en el contexto dominicano.
La micromovilidad eléctrica está reproduciendo un patrón clásico: si algo se vende y genera ingresos, se usa… aunque no exista un marco legal que lo respalde. El problema no es la iniciativa privada, sino la ausencia total de reglas del juego.
Operativos policiales: reacción tardía, solución incompleta
Cuando el problema se vuelve visible, la única herramienta disponible es la reacción. Aparecen los operativos, las incautaciones y los decomisos.
Estas medidas pueden ser necesarias, pero son insuficientes si no van acompañadas de una política pública clara. El conflicto no nace del usuario individual, sino de un vacío institucional previo.
Cuando la autoridad actúa después de que el desorden ya se ha instalado, la percepción ciudadana suele ser de castigo, no de orden. Y eso termina erosionando la confianza tanto en la tecnología como en las instituciones.
¿Aliados o amenaza para la movilidad urbana?
Desde una mirada más amplia, surge una pregunta incómoda:
¿están los scooters eléctricos ayudando a descongestionar la ciudad o simplemente están añadiendo otro actor al caos existente?
Sin carriles definidos y sin integración al sistema vial:
- compiten con peatones,
- desplazan a ciclistas,
- reproducen conductas agresivas propias del tránsito motorizado tradicional.
La micromovilidad no es automáticamente sostenible. Su impacto depende de cómo se integre al entorno urbano y de si se prioriza realmente al peatón y a los modos más frágiles.
El contexto dominicano: una advertencia a tiempo
Lo que ocurre hoy en República Dominicana debe leerse como una advertencia temprana, no como un fracaso definitivo. A diferencia de otros países, el fenómeno aún se encuentra en fase de expansión.
Esto significa que todavía existe margen para corregir el rumbo antes de que los conflictos se vuelvan estructurales y difíciles de revertir. Pero ese margen se reduce cada día que pasa sin decisiones claras.
Qué haría falta para que funcione de verdad
No se trata de prohibir ni demonizar los scooters eléctricos. Se trata de ordenar.
Regulación clara
- Edad mínima obligatoria
- Uso obligatorio de casco
- Definición legal del vehículo
- Seguro de responsabilidad civil
Educación vial
- Campañas públicas
- Responsabilidad de vendedores
- Conciencia parental
Infraestructura
- Espacios definidos
- Protección real al peatón
- Integración con la bicicleta y otros modos sostenibles
Conclusión: el problema no es el scooter, es la ciudad
Las motocicletas y scooters eléctricos pueden ser parte de la solución al caos urbano dominicano, o pueden convertirse en otro capítulo del desorden vial.
La diferencia no está en la batería ni en el motor.
Está en cómo decidamos integrarlos a la ciudad.
La pregunta no es si deben circular.
La verdadera pregunta es:
¿vamos a aprender esta vez o repetiremos el mismo error con un vehículo distinto?
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