En noviembre de 2015, acompañamos a la entonces AMET (hoy DIGESETT) en la «Semana de la Seguridad Vial». En aquel momento, el mensaje era claro: cinturón, casco, nada de alcohol y respeto al ciclista. Usamos vehículos accidentados en las esquinas como un crudo recordatorio de la fragilidad de la vida en el asfalto.

Hoy, más de diez años después, la pregunta nos golpea de frente: ¿Ha servido de algo? Aunque hemos pasado de AMET a DIGESETT al INTRANT y de operativos aislados a una Ley de Movilidad (63-17), las cifras nos dicen que la «educación» aún no le gana la carrera a la imprudencia en nuestra movilidad.
La radiografía del peligro (2024 – 2026)
Si en 2015 nos preocupaba el respeto básico, hoy estamos ante una crisis de salud pública. Según los últimos reportes de seguridad vial:
- El factor motorista: El 70.48% de las fatalidades en las vías dominicanas siguen involucrando a motociclistas.
- La nueva cara del tránsito: La irrupción de la micromovilidad (scooters y bicis eléctricas) ha sumado nuevos actores a un caos vial en Santo Domingo que no distingue entre el repartidor que busca el sustento y el ciudadano que busca una alternativa sostenible.
- Impacto ENEVIAL: Aunque la Escuela Nacional de Educación Vial ha sensibilizado a más de 150,000 personas entre 2024 y 2025, el 53% de las víctimas siguen siendo jóvenes menores de 34 años.
Del simulacro a la estrategia estructural
En 2015 cerramos la semana con una gran bicicletada en la Plaza Juan Barón. Fue un gesto romántico y necesario. Sin embargo, para 2026, la estrategia ha tenido que evolucionar hacia el Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial (PENSV) 2025-2030. Ya no basta con «concienciar»; necesitamos fiscalización técnica y una infraestructura que perdone el error humano.

No podemos seguir permitiendo que la seguridad vial sea un evento de una semana al año. Como bien decíamos en aquel entonces: “Un segundo puede cambiar tu vida”. Hoy añadiría: “Un sistema fallido nos está cambiando la ciudad”.
Educación o Sanción
La «Semana de la Seguridad Vial» debe dejar de ser una efeméride para convertirse en una política de estado diaria. Necesitamos que la educación vial sea el eje de nuestra convivencia, integrando a los nuevos vehículos de movilidad personal bajo reglas claras y respeto mutuo.
¿Recuerdas aquellos operativos de 2015? ¿Crees que hemos avanzado o que el desorden ha crecido más rápido que nuestras leyes?

¿Qué opinas sobre este tema? ¡Súmate al debate y deja tu comentario aquí abajo!